sábado, 29 de diciembre de 2007

Dos médicos españoles cuentan sus investigaciones en traumatología


N. RAMÍREZ DE CASTRO
MADRID. Los traumatólogos Pedro Luis Ripoll y Mariano de Prado forman un tándem indisoluble que está impulsando el desarrollo de técnicas cada vez menos agresivas y más eficaces en Traumatología. Su base de operaciones está en Murcia, en el Hospital San Carlos y en la Fundación Amical, creada para impulsar avances en el tratamiento del aparato locomotor.
Son dos pioneros de las técnicas de mínima invasión que no se pudieron resistir a la utilización de ese preciado tesoro biológico que son las células madre. En Francia, Philippe Hernigou, del Hospital Henri Mondor de París estaba obteniendo muy buenos resultados, la literatura médica mundial recogía casos puntuales para fracturas no consolidadas y necrosis de la cabeza del fémur. «Su potencial era muy atractivo para tratar enfermedades y lesiones que no tenían una respuesta eficaz con los tratamientos convencionales», recuerda Ripoll.
Paso a paso
Pese a la experiencia internacional, Ripoll y De Prado empezaron paso a paso. Primero, con la investigación animal, y después, con los mejores resultados obtenidos en modelos animales, pasaron a los primeros pacientes con fracturas de difícil curación.
El objetivo era curar hueso con hueso. Las células madre utilizadas en Traumatología proceden de la médula ósea, del interior del hueso. «En realidad llevábamos mucho tiempo utilizándolas, sin saberlo. Al fin y al cabo, poníamos células madre cuando hacíamos injertos de hueso».
La cantidad de células que podía desprender un injerto sí cambiaba. Para que la terapia sea eficaz se necesita un concentrado celular determinado. Un sistema de centrifugado permite obtener la dosis necesaria para conseguir eficacia terapéutica.
En agosto del año 2006 regeneraron un fémur necrosado con las células madre obtenidas de la médula ósea del paciente. Era la primera vez en España que se recurría a la terapia celular para atajar una necrosis de la cabeza femoral. Esta enfermedad cruel afecta a personas jóvenes, carcome el hueso y deja sin vida al fémur. «Hoy es la técnica de elección; se ha generalizado, tanto en la Sanidad pública como en la privada». La tasa de curación alcanza el 95% cuando la lesión se detecta a tiempo, antes de que avance la necrosis en el hueso.
En apenas dos años el equipo de Ripoll, en colaboración con Javier Vaquero del Gregorio Marañón de Madrid, ha acumulado un centenar de intervenciones en cadera, rodilla y hombro, así como defectos del cartílago y pseudoartrosis. En este tiempo han perfeccionado sus intervenciones y han aprendido a utilizar la misma concentración de células para obtener los mejores resultados.
Ripoll está convencido de que las células madre «aún no han tocado techo en Traumatología». Pero advierte del riesgo de correr demasiado: «Las células madre no son un pegamento que pueda usarse como ayuda a cualquier técnica traumatológica. La técnica tiene unas indicaciones precisas: fracturas no consolidadas, pseudoartrosis y necrosis de la cabeza del fémur. Estamos en contra de la utilización aleatoria de las células madre».
El entusiasmo por la terapia celular ha llevado a algunos especialistas a intentar indicaciones diferentes o como ayuda para lesiones complicadas con el tratamiento del ligamento cruzado. «Como médico no apoyo estas prácticas. Debemos trabajar con cautela y sin euforia».
No confía en recurrir a las células madre cuando todo falla. «No debemos pensar en ellas como un tratamiento a la desesperada. Es una terapia de elección».
Sin tornillos ni implantes
Se puede soñar con que algún día las inyecciones de celulas madre sustituyan a las prótesis cuando la artrosis avanza. Quizá dentro de 50 años el conocimiento sobre el funcionamiento celular sea mayor y se puedan dejar de utilizar implantes metálicos y tornillos en las cirugías de traumatología.

«Hoy todavía es un sueño».
Mientras que las células madre ganan terreno, en la Fundación Amical tienen como próximo objetivo ofrecer una solución eficaz y económica a las lesiones del cartílago articular. Las lesiones de este tejido, que evitan el roce entre los huesos, tienen un difícil tratamiento. Su apuesta pasa también por las células madre, pero con una técnica especial que utiliza unos cilindros, cargados de las células reparadoras. Si se demuestra su eficacia podría sustituir a los cultivos y trasplantes de condrocitos, las células que forman el tejido cartilaginoso.

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